MADRID.- Hace meses quedé embelesada por un dibujo que vi en una fachada de un edificio de París. Se trataba de algo tan discreto, fácil y evidente como la sombra de un árbol. Fácil pero al mismo tiempo ocurrente, sutil y sobre todo ingenioso, porque justo delante había precisamente un árbol de proporciones idénticas. El dibujo era la sombra imaginaria de ese árbol, y nunca hubiera pensado que se trataba de una pintura. Pero ese día el viento soplaba y el árbol se movía, pero no su sombra.
¿Miraste bien la calle Montera?
De vuelta en Madrid pensé que sería bonito pintar las sombras de los árboles a modo de trampantojo, esa técnica que consiste en engañar al ojo jugando con la perspectiva y otros efectos ópticos. Mi consuelo llegó una tarde de verano cuando, paseando sin rumbo en busca de algún tipo de arte vertical, encontré más de diez fachadas con murales y pinturas. Toma nota de los murales, pinturas y trampantojos que decoran el centro de la ciudad, en un recorrido de 30 minutos:
Comenzamos en la calle Montera de Madrid, bajando desde Gran Vía hacia Sol. En el número 22, el primer mural: una hermosa escalinata llena de detalles que fue pintada en los años 80 por Alberto Pirrongelli, artista especializado en la técnica del trampantojo. Fue uno de los últimos muralistas en pintar carteles de cine de las salas de Gran Vía, hasta que llegó la era digital, que se cargó este bonito arte de retratar a los actores con un pincel. Llama la atención porque, de lejos, es difícil diferenciar los balcones reales de los falsos; el cielo de Madrid, del cielo de cemento. Sin duda alguna, un verdadero trampantojo.
Seguimos bajando por Montera y llegamos a la Puerta del Sol. El Corte Inglés, La Casa del Reloj, turistas, policías... Buscamos algún mural que nos haga sacar la cámara y de pronto reparamos en algo que lleva meses molestándonos. Son las vallas que protegen a los turistas y madrileños de las interminables obras del tren que algún día llegará al km 0. Hace años estas vallas eran amarillas, de hierro, eran feas. Ahora son diferentes, sobre ellas hay una interminable foto en blanco y negro de la Puerta del Sol, tomada a principios de siglo. No es un trampantojo, no es un mural, ni siquiera es una pintura, pero sin duda es una buena manera de engañar al ojo y desviar su atención de las obras. De repente, ya no molestan tanto.
Las obras, aunque pesadas, parecen menos feas...
Camina por el casco histórico y detente en la Calle de la Sal, una calle peatonal que nace en la Plaza Mayor, y una de las más transitadas de la capital. Puede que por ello el Ayuntamiento decidiera que Mingote, el famoso dibujante y humorista, pintara sobre una de sus fachadas cuatro falsos balcones con escenas y personajes típicos del folclor madrileño que parecen observar a los paseantes mientras representan un entremés.
Sigue hacia la Plaza Mayor. Atraviésala y sitúate frente a la Casa de la Panadería, un edificio de cuatro alturas que de lejos parece rojo. No lo es, está repleto de frescos en los que se reconocen algunos personajes mitológicos como Cibeles o Cúpido y todos son obra de Carlos Franco, quien en 1988 ganó un concurso del Ayuntamiento para remozar la fachada.
Pasa por debajo de estas pinturas y sal de la Plaza por la calle 7 de Julio. Te encontrarás una fachada que conseguirá engañarte. Es la Plaza del Comandante de las Morenas y ante ti verás un edificio art decó color vainilla que parece estar sacado de una postal de Miami. Mira las ventanas de uno de sus laterales, el que da a la calle Mayor, y observa: se trata de un trampantojo perfecto. Realizado con pocos colores y con líneas rectas, consigue sutilmente confundir a los paseantes más despistados.
Tras sacar más de 10 fotos cambiamos el rumbo hacia La Latina. Pasamos por una plaza, hasta ahora desconocida para mí, la Plaza de Puerta Cerrada, un ensanche viario que se creó tras el derribo de varios edificios. En esta plaza confluyen hasta ocho calles y todas las fachadas que quedaron 'desnudas' tras la demolición han sido tapadas con coloridos murales. En un lado, una enorme enredadera amenaza con comerse el edificio mientras serpentea por una falsa celosía de madera. En el muro vecino, de color morado, hay un frase: "Fui sobre agua edificada, mis muros de piedra son", parece decir la ciudad en voz baja. Enfrente, una suerte de bodegón de enormes proporciones sobre el bar La Terraza. Y a su izquierda, un paisaje que bien podría haber salido de un botecito de arena de colores. Es el epicentro de este arte vertical.
En el corazón de La Latina termina este recorrido, en la Plaza de los Carros. Aquí se encuentra otra de las pinturas de Alberto Pirrongelli, puede que sea el trampantojo más conocido de la ciudad, aunque también el menos visible. Dos enormes árboles lo tapan casi por completo, salvo una esquinita, que por desgracia está cubierta con graffitis. Sin estos obstáculos podríamos observar una pintura que se funde armoniosamente con la fachada contigua. Está pintada del mismo color y los balcones parecen idénticos, cuesta diferenciar el original de la copia. Al fin y al cabo es lo que se prentende ¿no?
Aquí termina este recorrido pero algo me dice que me dejo muchas pinturas en el tintero. ¿Conocéis alguna otra?
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Los que vivimos o visitamos Madrid pasamos muy a menudo por lugares que, hace ya varias décadas, marcaron la historia del país. Lo hacemos casi sin darnos cuenta. Quedar con alguien en la Puerta del Sol sin ser conscientes que en ese mismo lugar un presidente del Gobierno fue asesinado. O pararnos en un semáforo en la Plaza de la Independencia, lugar donde el coche de otro presidente fue tiroteado. ¿Quieres saber más de los magnicidios que tuvieron lugar en Madrid?
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